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Imagen 010Concluye una etapa. Termina una experiencia.

Pero a no confundirse: conclusión no es clausura; terminación no es final.

Nos consideramos un proceso vivo, un espacio en formación y transición permanente. Por ello, el motivo fundante no puede ser o permanecer igual por siempre. Nuestras primeras ideas no se han agotado, sino que por el contrario, necesitan trascender a nuevos espacios y nuevas dinámicas.

Empezamos siendo un par de compañeros con ganas de producir y aportar críticamente a la teoría libertaria. Sin embargo, sumatorias de otras singularidades/subjetividades, y experiencias de producción colectiva, al igual que cruces con situaciones y limitaciones cotidianas nos hacen que concluya esta etapa de producción.

La Revista Libertaria Horizontes termina como proyecto y como experiencia.

Sin embargo, nos planteamos nuevos y más amplios objetivos.

Una nueva revista, con la intención de aportar al debate y la discusión teórica libertaria pronto estará en las calles.

Además, estamos trabajando en la elaboración de materiales para la reactualización teórica en otros formatos.

Llamamos e invitamos a la participación y a la sumatoria de esfuerzos. Todos y todas aquellos/as que deseen potenciar el pensamiento y la acción libertaria dejando de lado dogmatismos y visiones deterministas y estructuradas tienen las puertas abiertas.

Como decía Ludwig Von Wittgenstein “Revolucionario será aquel, que sea capaz de revolucionarse a si mismo”.

Hasta pronto…

(pondremos links a nuestro nuevos proyectos – estén alertas)

 

Imagen 004 “Otra vez, reniegas de tu huella, traicionas tu inocencia,
al no ver, que dejas sin memoria, los campos que tu madre cosechó”[1]
 

 

 

 

 

 

La dinámica de quienes manejan teorías y estrategias comunicacionales se basa en un principio fundamental: la realidad se construye en el discurso, por lo tanto “aquello que no se ve, aquello que no se informa, no está sucediendo”.

Efectivamente, quienes detentan y controlan las diversas instancias del Poder político y económico comprenden esta regla a la perfección, y obran de tal modo.

 A las 5 de la madrugada del lunes pasado, topadoras del gobierno de la ciudad cubiertas por la oscuridad y respaldadas por más de 50 policías, miembros de infantería y otras fuerzas de seguridad devastaron al espacio ocupado por la Huerta Orgázmika, una de las pocas huertas comunitarias autónomas de la ciudad de Buenos Aires.

Obviamente, se trataba de un terrible peligro: Unos pocos metros de tierra al lado de las vías del Ferrocarril Sarmiento ocupados por plantas que no se encuentran bajo la administración estatal o dentro de la esfera de acción del Capital[2]. Para colmo de horrores, ante la agonía que ya sufría el espacio debido a un decreto de agosto de 2008 ordenando su desalojo, la inquietante amenaza  del dengue terminó de definir el asunto: sin autorización judicial de ningún tipo, las fuerzas represivas devastaron y aniquilaron a las plantas del lugar argumentando que una bañera en desuso era un peligro latente.

Imagen 009Caballito, “el barrio porteño de clase media por excelencia”, muestra sus calles bulliciosas y llenas de actividad comercial. Musculosos muchachos y esbeltas muchachas caminan hacia su rutina de gimnasio: hombres maduros vestidos de traje caminan vertiginosamente con celulares en sus manos y oídos; señoras coquetas pasean caros perros; adolescentes se divierten correteando con sus uniformes de colegios privados mostrados como orgulloso símbolo de pertenencia a las elites más beneficiadas de esta ciudad. Hay color, brillo, música y ringtones que buscan mostrar una diversidad que no es tal, pues se trata de subjetividades construidas y envasadas para homogeneizar lo heterogéneo. Las mercancías titilan en las vidrieras, y las pantallas de plasma nos muestran un universo imposible. Aquí no hay felicidad, pero es bueno mostrar que todo lo demás es comprable.

Sin embargo, la estación Caballito es todavía un lugar de tránsito de trabajadores y trabajadoras, al igual que estudiantes y familias de todas las condiciones, pues Primera Junta es aún cabecera de numerosos transportes públicos. Las innumerables torres y edificios que conforman este paisaje contrastan sensiblemente con las apuradas corridas de quienes combinan dos o tres medios de transporte para retornar a sus hogares tras la jornada laboral.

Allí, en medio de este entramado, se está desarrollando la resistencia convocada por los y las huertistas frente al desalojo. Hay muchos compañeros y compañeras que asistieron para solidarizarse. Hay rabia. Hay enojo. Hay calentura. Hay tristeza. Hay tensión.
La calle Rojas, cortada a la altura del cruce de la vía, se torna escenario de una asamblea popular espontánea. Muchos y muchas quieren recuperar el espacio a la fuerza. Muchos y muchas quieren reconstruir lo destruido, pero las decenas de policías y otras fuerzas de seguridad que cierran el paso disuaden a pensar en otras posibles acciones.

Hay aquí vecinos y vecinas. Hay aquí otros y otras integrantes de asambleas populares y espacios sociales que se solidarizaron con la causa. Hay jóvenes y adultos, niños y niñas que piensan, hablan y reflexionan. Nadie quiere imponerle nada a nadie. Todos y todas se escuchan. Hay diversidad no mercantilizada, construida en base las subjetividades de cada singularidad presente. Barbas, rastas, tatuajes, aros y pelos de colores contrastan con la uniformidad que el Capital nos impone.

Aquí, los carteles han sido resignificados. Esas publicidades que venden una forma de vida de alegrías dosificadas y administradas en base al poder adquisitivo, hoy son utilizadas como pancartas que denuncian lo arbitrario del desalojo. Un cartel lo deja claro: “la huerta era la naturaleza que irrumpía en la ciudad”.

De repente, la asamblea termina. La indignación no desaparece, pero unos bombos comienzan a sonar. La música es acompañada por palmas de los y las asistentes. Los cuerpos comienzan a moverse, rompiendo con la estática normativizada que las estructuras de poder nos imponen. Las canciones dan lugar a la alegría, a la sensualidad, a los abrazos y los saltos.

Los policías miran sin saber qué hacer. La inclasificable multitud de identidades subalternas comienza a marchar para difundir el abuso. Las fuerzas de seguridad solo atinan a cortar la calle. Otro pequeño grupo de asistentes improvisa una sesión de yoga en pleno asfalto. Suenan flautas y tambores alrededor de una fogata.

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La Huerta Orgázmika ha sido arrasada. Sin embargo, para los y las presentes nada ha terminado, sino que esto solo es comienzo para nuevas acciones.

Las plantas han muerto bajo las topadoras. Sin embargo, han nacido ideas y aflorado pensamientos entre todos los y las asistentes.

El silencio de los medios de comunicación ha impedido que estos hechos salgan a la luz. Sin embargo, la resistencia y la solidaridad resuenan al ritmo de los tambores.

La acción represiva y destructiva del gobierno de Macri no ha hecho más que propagar algo que la huerta ha hecho desde siempre: plantar semillas para nuevos procesos.

rlhorizontes@gmail.com

Blogspot de la Huerta Orgázmika: http://orgazmika.blogspot.com/

Blogspot del Centro Cultural La Sala, arrasado y violentado por las fuerzas de seguridad en la represión al escrache al CGP 6:  http://cclasala.blogspot.com/


[1] “Sembrar, sembrar” es una canción de la banda Massacre. Está incluida en el álbum “Juguetes para olvidar” de 2002.

[2] La extensión de la Huerta Orgázmika es de aproximadamente 10m. por 10m.

Sobre definiciones, identidades y anarquismos…

Reflexiones acerca de la lectura de la nota “Por el Estado” de Martín Caparrós

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¿Qué es lo que define el ser anarquista? ¿Existe una suerte de definición categórica, objetiva y finalista que lo determine? Por supuesto que no; sabemos que los y las anarquistas nos sentimos identificados e identificadas por todo aquello que sea anti autoritario. Cuestiones como la Libertad, la Horizontalidad, la Igualdad, la Acción Directa, y la oposición a toda forma de opresión resultan esenciales, pero luego, cada uno y cada una encuentra la manera de plasmar estas cuestiones según sus propias definiciones y sentimientos. Lo que si podemos decir, es que para ser anarquista no se precisa una definición de diccionario o una catalogación científica, cosa que por otro lado le cabe a otras corrientes del pensamiento socialista. Una vez que nos sentimos anarquistas, actuamos, pensamos y reivindicamos una identidad que no nos precede sino que construimos día a día.

La mayoría de las definiciones que podemos encontrar, históricamente hablando, se corresponden casi siempre a visiones de nuestros y nuestras referentes más relevantes. Así encontramos al legendario italiano Errico Malatesta diciendo “anarquista es, por definición, el que no quiere ser oprimido y no quiere ser opresor; el que desea el máximo bienestar, la máxima libertad, el máximo desarrollo posible para todos los seres humanos”[1]. También podemos leer, desde otra forma de sentir al Anarquismo, al español Tomás Ibáñez “La única vía que me parece llena de promesas y cargada de frutos consiste en luchar incesantemente, en todos los lugares, contra la autoridad; y, si el estado de nuestras fuerzas nos lo permite, realizar una revolución, violenta o no, que tenga por objetivo, no el de propagar el comunismo libertario, sino el de hacer estallar en mil pedazos la tangible realidad de la autoridad que nos aplasta, a fin de que cada uno pueda elegir su vía sin imposiciones, ser marxista, ser libertario, etc., y vivir, con sus compañeros de ideas, su manera de vivir”[2]. Podríamos decir que hay casi tantas formas de entender y practicar al anarquismo como anarquistas existan. Una definición que consideramos bastante profunda y a la vez bastante aceptada por gran parte de los y las anarquistas podría ser la escrita por uno de sus grandes pensadores, el ruso Mikhail Bakunin “¿Deseas hacer que sea imposible para cualquiera oprimir a su prójimo? Entonces asegúrate de que nadie tendrá poder. ¿Deseas que los hombres respeten la libertad, los derechos y la personalidad de sus prójimos? Asegúrate entonces de que sean compelidos a respetar esas cosas, no forzados por el deseo o la acción opresiva de otros hombres, ni tampoco por la represión del Estado y sus leyes, necesariamente representadas y aplicadas por hombres, que a su vez se hacen esclavos de ellas, sino por una verdadera organización del medio social; esta organización está constituida de manera que, permitiendo a cada uno el más completo disfrute de su libertad, no permite a ninguno elevarse sobre los otros ni dominarlos a no ser mediante la influencia natural de sus cualidades morales e intelectuales, sin que esta influencia se imponga nunca como un derecho y sin apoyarse en ninguna institución política[3].

Como puede verse, hay algunos tópicos que se repiten y que obviamente reflejan el vínculo anti autoritario entre las diversas concepciones de lo libertario. En ese sentido, la nota publicada por el escritor y periodista Martín Caparrós bajo el título “Por el Estado”[4] no escapa a ello, pues al inicio de la misma, el autor hace una suerte de descripción de su propia forma de considerarse anarquista. Esto no significaría nada en particular, a no ser por el hecho de que inmediatamente la nota se torna en una defensa romántica del Estado Argentino, un hecho claramente contradictorio y que además hace uso del lugar común “Ser anarquista es igual a destruir el Estado y estar en contra de todo”.

Claro, nosotros y nosotras podríamos caer fácilmente en una suerte de “denuncia” del poco claro “carácter libertario” de Caparrós al realizar esta acción de defensa estatal, pero no es eso lo que nos interesa, porque creemos que como anarquistas no somos dogmáticos ni pensamos al anarquismo desde una perspectiva teleológica. Si el compañero quiere pensar y accionar dentro de la perspectiva estatal, es su propia decisión y sabrá defender su posición según sus propios parámetros. Pero lo que nos interesa destacar son otros aspectos que surgen de la lectura de la nota.

 

soja-en-el-campoEl asunto entero del artículo gira en torno a la gran conflictividad social generada en los últimos meses en la Argentina a raíz del problema de las retenciones agrarias impulsadas por la promulgación de la resolución Nº 125. La primera pregunta que nos planteamos es ¿Por qué la necesidad de tener que referenciarse como anarquista para opinar sobre este tema? Caparrós nos dice “soy un anarquista en tiempos tristes, tan tristes que me veo reducido a querer, ahora, que el Estado argentino sea más fuerte. Es un caso clásico: el campesino que quería ser libre pero debía apoyar al rey para que lo defendiese de su señor feudal, gozador insaciable”. Bajo la identidad de un “anarquista”, Martín Caparrós en realidad no hace más que defender una posición de lo que comúnmente conocemos como progresismo, es decir, una posición que se identifica claramente con una concepción nacional del Estado Argentino tal cual nos han impuesto a través de las diversas instituciones educativas y los diversos dispositivos de poder que se generan en todas las instancias que nos tocan vivir a diario (medios de comunicación, patriotismos, valores culturales, relaciones sociales, etc.). Es un posicionamiento que remite claramente a una noción de ciudadanía referenciada en los parámetros burgueses de la propiedad privada, la valoración positiva de las leyes de propiedad, el orden constitucional y el accionar estatal como elementos de dominación, explotación y alienación.

Veamos, por ejemplo: “Alcanza con andar por la Argentina: la soja enriquece a algunos, expulsa a muchos, agota las tierras, cambia el paisaje socioeconómico hacia el monocultivo mas primario”. Muy bien, Caparrós observa acertadamente los efectos destructivos (tanto ecológica como socialmente hablando) del monocultivo en las tierras argentinas, pero acto seguido nos dice “El grano no crea empleo y, exportado tal como se exporta, casi sin proceso, nos convierte otra vez en un granero que no agrega valor a sus plantitas”. ¿Por que se referencia como anarquista para hacer una defensa de los imaginarios que nos han impuesto con los mitos nacionales del “Granero del Mundo” y la gran patria agropecuaria que alimenta al planeta? Eso se remite mucho más con los mitos nacionales construidos por los grupos oligárquicos terratenientes que construyeron la maquinaria genocida argentina que se erigió sobre la sangre de los pueblos originarios y los pobladores y pobladoras que fueron expulsados de sus tierras para la instauración del Estado Argentino. Incluso hay una defensa velada del accionar estatal sobre la actividad sojera: “El gobierno dice que sus retenciones ayudarían a mejorar ese sistema: a mantener el precio interno, a alentar la diversificación, a promover el procesamiento del grano para exportar algo más trabajado”. ¿Será que el progresismo argentino está tan desgastado, desacreditado y desubicado que necesita esconderse tras la máscara del anarquismo, comprendido para algunos y algunas como un pensamiento externo a la sociedad, para poder decir lo que realmente piensa? ¿Será que el posicionamiento de las ideas “progresistas y nacionales” tiene defensores tan diversos y contradictorios entre si, que es preferible y menos dañino el etiquetarse como “anarquista”, que como lo que se es realmente? ¿Será que hay intereses económicos y políticos, y relaciones de poder tan conflictivas dentro de aquel espectro, que rotularse como anarquista parece ser que legitíma un mensaje que dicho de otra manera hubiese sido más débil?

0218740Hay casi una declaración de principios que nos deja claro el panorama: “Soy anarquista. Creo que el Estado tiene que desaparecer y va a desaparecer, alguna vez. Mientras tanto, es la única herramienta que permitiría que unos pocos no se queden con todo, muchísimos con nada. Pero, para eso, el Estado debe ser controlado; ese sería el rol de la política. Que pena que ya tampoco haya”. Los y las anarquistas no participamos de la política burguesa de partidos, instituciones y procesos eleccionarios que no hacen más que licitar qué sector de la burguesía nos explotará; pero claramente, el pensamiento anarquista remite a la noción de acción política directa, pura, concreta, sin intermediarios. Caparrós se queja de la supuesta disolución del accionar político parlamentario, y se pregunta por qué no hay más, ignorando aparentemente el hecho de que ese accionar ha sido el que ha frenado procesos sociales cuestionadores y revolucionarios; cuando eso fué insuficiente para dominar y explotar, fueron esos mismos personajes los que golpearon las puertas de los cuarteles militares que aplicaron la represión y el genocidio. De paso, esa concepción de lo político como forma de controlar y regular el accionar estatal, no es otra cosa que el pensamiento fundamental de John Locke, uno de los padres del Liberalismo.

En esa misma sentencia, Caparrós identifica la concepción de lo libertario de un modo que se asimila, precisamente, a un ideario construido desde la ideología de las clases dominantes, donde el anarquista es el sujeto anómico, el elemento antisocial que se opone al Estado porque sí y que durante décadas alimentó discursos estatales para ordenar represiones y persecuciones.

Que piensen lo que quieran de nosotros y nosotras, eso ya no nos sorprende. Lo que si resulta extraño, es que alguien que tiene otro tipo de ideas y relaciones con las instituciones y con el Estado Argentino precise ponerse una máscara de anarquista para decir lo que siente. ¿Tanto miedo tienen de sus propias ideas y prácticas?

rlhorizontes@gmail.com


[1] Vernon Richards “Malatesta – Pensamiento y acción revolucionarios”. Ediciones Proyección, Buenos Aires 1974. Existen nuevas ediciones que se consiguen fácilmente.

[2] Tomás Ibáñez “Actualidad del Anarquismo”. Utopía Libertaria, Buenos Aires 2007.

[3] Mikhail Bakunin “Escritos de Filosofía Política” (tomo II). Ediciones Altaya, Barcelona, 1994.

[4] La nota salió publicada bajo el título “Por el Estado” en el diario Crítica del 13/3/08. El link a la nota original es http://criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=652

[5] Finalmente su votación fué aprobada en la cámara de diputados, pero tras dos votaciones empatadas en la cámara de senadores, el vicepresidente argentino, que preside la cámara, finalmente resolvió su no promulgación.

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Siempre estamos corriendo…

Siempre estamos apurados y apuradas, aeorosoleando algún stencil o pintando una consigna en una pared; siempre debemos ir a una marcha, corte de ruta o movilización; siempre tenemos que aguantar una huelga en una fábrica o una asamblea de base en algún sindicato; siempre estamos resistiendo en una kasa okupada o en un barrio tomado; siempre estamos piqueteando nuestra prensa o distribuyendo nuestro fanzine; siempre tenemos una reunión importante con compañeros y compañeras; siempre tenemos que asistir a una charla o una proyección de película para discutir con cumpas; siempre estamos organizando una feria o encuentro para difundir nuestros fanzines o nuestros libros; siempre estamos coordinando algún tipo de acción directa; siempre tenemos que…

La acción es, desde siempre, una de las cosas que caracterizan al Anarquismo. Seamos muchos y muchas, o pocos y pocas; seamos compañeros y compañeras jóvenes y entusiastas, o entrados/as en años y reflexivos/as; anarcocomunistas, anarkopunks, colectivistas, individualistas, organizacionistas, insurreccionalistas, anarcosindicalistas, vegans, sindicalistas revolucionarios/as, espontaneístas, anarko queers, sintetistas, anarcoespecistas, pacifistas, anarcofeministas, consejistas, plataformistas, primitivistas, etc., etc., etc.… No importa el nombre o definición de los compañeros y las compañeras: el Anarquismo es Acción, es Compromiso, es Entusiasmo, es Participación, es Solidaridad, es Pasión; es Revolución, en síntesis. Sabemos, como anarquistas, que no estamos dispuestos y dispuestas a ceder nuestra capacidad de hacer o participar de diversas cuestiones (sociales, políticas, culturales, etc.). Creemos en la acción directa, y parte de eso implica que nos comprometamos en todo lo que nos atañe y nos interesa.

Por otro lado, hay algo más que también es importante a la par de la Acción, y eso son las ideas. Nuestras ideas.

Somos Anarquistas, y más allá de poseer y leer a nuestros/as referentes y pensadores/as originales, nos dedicamos a reflexionar y debatir por nosotros y nosotras mismas. Sea que nos referenciemos en algún autor o autora, o en alguna línea o corriente del pensamiento libertario, en todo eso influye e importa también lo que cada uno de nosotros y nosotras piense, sienta y comprenda. No tenemos un gran sabelotodo que nos dice qué pensar, y cómo. No poseemos grandes autoridades que nos digan lo que está bien y lo que está mal. No estamos subordinados y subordinadas a un gran Buró o Comité Central que resuelve y nos dicta lo que debemos decir y hacer. No les tenemos ni nos interesa tenerles.

Entendemos también, que existe una relación directa entre ambas cuestiones, entre nuestras ideas y nuestras acciones. Ninguna se impone a la otra, ni tampoco ninguna es más importante que la otra. Estamos hablando de un proceso dinámico, permanente y conflictivo, en donde todo cuenta, y nada debe ser subestimado o dejado de lado. Las ideas se traducen en acciones, y las acciones influyen y modifican las ideas.

Es posible que para algunos y algunas que no sean anarquistas y que tengan intenciones (como nosotros y nosotras) de cambiar lo existente para construir algo mejor y más justo, pensar en estas cuestiones sea confuso e inabarcable. Nos dicen idealistas, utopistas o soñadores y soñadoras. Nos hablan de que pensar, sentir y accionar como creemos es elegir el camino más largo, duro y complejo, y “que nos tenemos que ajustar a la realidad, a lo que existe”. Que hay que votar y esperar a que el triunfo de partidos, líderes o “tipos honestos” permita la introducción de cambios paulatinamente. Que hay que aportar para la instauración de un régimen dictatorial basado en la dirección política de una clase social que, por tratarse de la más oprimida dentro del Capitalismo, sabrá llevar adelante los cambios económicos necesarios, y que la desaparición del Estado y otras cuestiones sociales y culturales, llegarán solas con el tiempo…

Nada de esto nos contenta. Nada de esto nos alcanza. Nada de esto nos satisface. Queremos todo; queremos la Revolución, pero también queremos Libertad, Igualdad, Justicia y Horizontalidad. Todos y todas somos importantes, y todos y todas valemos lo mismo. Por eso somos Anarquistas. Queremos la destrucción absoluta de todo Estado y de toda forma o estructura de explotación, dominación y enajenación. Queremos la destrucción y desaparición absoluta del Capitalismo en todas sus formas. Queremos la destrucción de todo aquello que es injusto, y construir un nuevo mundo basado en principios que no tengan nada que ver con la mezquindad, la codicia, la indiferencia, la competencia, el privilegio, el autoritarismo, la supremacía de un género por sobre otro, y todo aquello que conocemos, vivimos y sufrimos a diario. Queremos una sociedad Socialista, basada en principios Libertarios.

Hasta aquí es posible que coincidamos y concordemos en líneas generales como Anarquistas. Lo que varían son los métodos y las formas, y por ello el Anarquismo es rico en su diversidad. Pero lo que nos inquieta a quienes escribimos estas palabras son también otras cuestiones.

Hace rato ya, que siempre charlamos y llegamos a la conclusión de que hay cosas de nuestras ideas que nos hacen ruido. Siempre evaluamos que los basamentos de nuestras ideas están bien, pero que hay cosas que carecen de actualidad. Muchas de nuestras discusiones y razonamientos se han debilitado, y mucha de nuestra capacidad de análisis ha quedado fuera de contexto, debido a que en muchos casos nos hemos quedado sin referentes teóricos y teóricas (en el sentido clásico que podían serlo un Bakunin, un Stirner, un Kropotkin, una Emma Goldman, o un Malatesta), y porque no hemos podido reflexionar y evaluar críticamente sucesos y experiencias históricas en profundidad. En los hechos, nos damos cuenta de que muchas de nuestras prácticas están descontextualizadas. Y lo más importante, existen innumerables cuestiones sobre las que, como anarquistas, no tenemos respuesta alguna (obviamente, porque cuando buscamos respuesta en nuestros referentes históricos, nos damos cuenta que muchas veces no tuvieron que enfrentarse con cuestiones y temáticas que son reflejo del contexto en que vivimos), y en ese caso, apelamos a una suerte de “sentido común libertario” con el que tratamos de cubrir esos huecos, esos baches, pero muchas veces esto también se traduce en “tomar prestadas” algunas ideas y preconceptos de otras tendencias del socialismo, sin animarnos a hacer el ejercicio nosotros y nosotras mismos/as. Pero nada de todo esto parece ser un problema serio para algunos y algunas.

¿Por qué nos encontramos siempre corriendo, siempre atrás de una u otra cuestión, pero no podemos tomarnos un momento para pensar en nuestras cuestiones? ¿Por qué no hay un momento para debatir, para reflexionar y discutir nuestros problemas de fondo? En síntesis ¿Por qué no es posible pensar en espacios y en momentos para poder hacer un corte, y sentarnos a discutir, intercambiar y reflexionar, como anarquistas, nuestros principios, nuestras acciones, nuestros objetivos, nuestras realidades, de modo profundo, y sin dejar de hacer y participar de todo en lo que estamos y accionamos?

Creemos que en las últimas décadas se han dado grandes pasos en cuanto a compromiso. Existen gran cantidad de compañeros y compañeras trabajando, participando, fomentando y dando vida a innumerables iniciativas y acciones populares. Asambleas barriales, gremios, kasas okupadas, grupos editores, huertas colectivas, bibliotecas, centros culturales y un montón de espacios sociales, culturales y políticos diversos. Creemos que a la par de estas cuestiones, también son importantes las otras, las instancias de discusión y debate que permitan una actualización y reelaboración de nuestras ideas y nuestras prácticas libertarias.

Ese es un poco el porqué de esta revista. Nuestra intención es aportar al debate, al cruce, al intercambio y al análisis. No nos interesa ser la única posición ni la “correcta”, sino que deseamos poder brindar elementos para que los compañeros y las compañeras evalúen, discutan y saquen sus propias conclusiones. Creemos que en el Anarquismo no existen instancias o perspectivas como esta, y con esta publicación nos orientamos hacia ese horizonte. Esperamos que con esta iniciativa se profundice en los niveles de discusión, y se produzcan nuevos debates que son necesarios para enriquecer y actualizar al Anarquismo.

Quienes escribimos esto somos también trabajadores y estudiantes. Ninguno de nosotros/as es un “doctor” o gran sabio, ni esperamos serlo. Vivimos la explotación y la dominación a diario, en todas las instancias de nuestras vidas. Anhelamos un futuro mejor, y trabajamos en ese sentido. No tenemos certezas, sino inquietudes. No buscamos tener las respuestas a todo, sino que nos preocupa entender las preguntas por resolver que existen.

Por supuesto, como nos interesa el debate y la discusión, esperamos que de lo que expongamos se formulen inquietudes y respuestas críticas, las cuales serán publicadas en estas páginas, las cuales están abiertas desde ya para todos aquellos y aquellas que anhelan un horizonte de emancipación e igualdad para toda la humanidad, y no de opresión, explotación e injusticia.

rlhorizontes@gmail.com